lunes, 24 de octubre de 2011

Recuerdos


Recuerdo cuando me mirabas con esos ojos tiernos, agridulces, de un color miel, que siempre sabían como hacerme suspirar.
Recuerdo también todas las noches que pasamos al otro lado del teléfono, hablando sobre cosas como, ¿Cómo se encuentra la luna? … Ahh muy bien señor, próximamente estará en el castillo de London high… Solo nosotros entendíamos nuestras frases…
También nos mirábamos, sin vernos, y hablamos sin palabras… Era nuestra única conexión…
A veces tomaba tu mano, a veces te daba un ligero golpe en el ante brazo, algunas ocasiones te quejaste, otras no lo recuerdo, te miraba, me mirabas, sonreías y me besabas…
¿Y que si el mundo se ponía en nuestra contra?
Si yo decidía levantarme de la cama, era mi decisión, si yo quería salir de mi casa para ir a la escuela era mi decisión… ¡Si YO tuve el valor para estar contigo aun sabiendo lo que perdería! ¡Es mi elección! Nunca me importo lo que los demás pesaran… 
Ahora te observó, la distancia es larga ante nuestros cuerpos, pero tan corta entre nuestras almas… Estamos encadenados. Yo sin ti, nada soy, y tú sin mí, nada al igual.
Te vas, por corto tiempo será, aun tardes una eternidad, siempre juntos vamos a  estar.  Y de esa misma forma… Siento que el tiempo junto es tan corto… Pero bien podría ser eterno… Todo me confunde…

domingo, 16 de octubre de 2011

Yo solia amarte

Yo solia amarte… Cuando yo te amaba, todo eran flores… Cualquier cosa relacionada contigo me hacia feliz… Cuando te amaba, todo  era de un color alegre, sonreia por todo y rara vez me enojaba…
Cuando te amaba, pocas veces me enoje contigo, pocas veces conte nuestros besos que eran verdaderos, pocas veces llore a tu lado…
Cuando te amaba, innumerables ocaciones deseaba estar a tu lado, y contaba los minutos para estar a tu lado, oletr tu perfume, besar tus labios, abrazar tus caricias. Soñar con tus labios y despertar en tus brazos.
Pero eso era cuando te amaba.
Por que has convertido cada particula de mi ser, y la has vuelto alérgica a tu nombre. Has convertido tu perfume, antes amado en la escencia mas repugnante del universo, has hecho que mis ojos en lugar de buscarte con alegría, se deleiten por cada gota de sangre que derramas, has logrado con tu indiferencia, un cambio en mi, horrible al parecer de los demás. Has logrado que tu sola presencia  mi ser se estremezca, pero no por una razón tierna y dulce como antes, si no de terror al no controlarme y poderte causar daño.
Dime qué rayos has hecho… Para convertir todo ese amor que te tenia… En el mas repugnante y asqueroso de los sentimientos? Para convertir un bello sentimiento… en algo tan vil como el odio…
Dime qué hiciste… Para que yo te dejara de amar.
Dime qué hiciste… Para que yo te matara….
Siento esa euforia al ver correr tu sangre, siento una gran tranquilidad al ver que tu ya no respirar.
El haber arrancado, uno a uno tus miembros, cortar tus labios que eran como miel para los míos, tus brazos romperlos hasta triturar tus huesos, que antes eran mi más grande apoyo… Sacar tus ojos, que antes eran mi adoración, quitarte la piel, que antes era la textura más bella y dulce de todas… y sobre todo, extirparte el corazón, que numerosas veces escuchaba latir, al estar cerca de ti…
Todo eso me devuelve la paz interior...

Y ahora solo escribo en el espejo que antes reflejaba una pareja feliz y unida… Yo solía amarte… 
Y ahora solo queda… Sepultar tu recuerdo…

sábado, 15 de octubre de 2011

Deja madurar los frutos del Olivo

Solia sentarme a la orilla del rio, a la sombra de un olivo, mientras escuchaba el flujo del agua, y las aves cantar alegres a la llegada de la primavera, y los animales hacían… Cosas de animales. Yo solo pensaba, pensaba en cualquier cosa—menos en que algún día te cruzarías en mi camino—y cerraba los ojos y sonreía. ¡Como disfrutaba mi soledad!
Un día, tome una de esas florecillas silvestres entre mis dedos, delicadamente la observaba, tenia sus colores tan vivos, un tallo tan delicado, sus petalos suaves al tacto. Y desprendía un olor hermoso, que me devolvía la serenidad. Ahí estaba yo… Admirando a una flor.

No se en que momento sucedió, cerre mis ojos para alejarme del mundo un momento, y en cuanto los abri de nuevo, estabas sentado junto a mi. Me miraste con esos ojos penetrantes, tan vivos y alegres, me sonreíste y volteaste la mirada al rio mientras te acomodabas junto a mi.

Recuerdo que ese día no hablamos, pero si pensé en que tal vez eras un poco muy raro, ¿Qué hacias ahí? ¿En mi lugar secreto, en mi escape del universo? Aunque tal vez yo era muy rara, había llegado ahí primero, y eso no me daba derecho alguno de poseer el lugar. Me encogi de hombros, y seguí  disfrutando mi—invadida—soledad.

Al siguiente día, suspire de alegría al no verte. Tal vez mi indiferencia te había alejado de mi, de cierta forma también me desilusiono un poco, pero estaba feliz puesto que volveria a disfrutar mi soledad.

Aunque volvió a pasar igual, cerre los ojos durante escasos segundos y apareciste sentado junto a mi, me miraste de nuevo con tus ojos penetrantes y te acomodaste, un poco mas cerca de mi. Pasaron algunos momentos de incomodo silencio, y al fin hablaste, aunque un tanto extraño—y fuera de lugar, además de confuso—susurraste – Deja que los frutos del olivo maduren…-- y sonreíste.

Y, aunado a que no tenia sentido, me sentí bien al escuchar tu voz, era gruesa, y tan serena. Sonrei, creo, en respuesta. Puesto que no sabia que significado tenia, ni que responderte. Luego de eso, lo único que recuerdo es que hablaste sin parar por dos meses.

Al principio, me molestaba, se había ido la tranquilidad que tanto me gustaba de ese lugar, pero luego me empezó a gustar tu compañía, y aunque yo no hablara tanto como tu, disfrutaba escuchar tus divertidas historias y reirme de ellas. Sonreia cada vez que me decias algún alago, y apretaba tu mano como señal de apoyo cuando me hablabas de tus problemas.

Aunque nunca me hablaste mucho de ti, ni siquiera supe tu nombre. Y aun así, jamás olvide lo que me dijiste de los Olivos… y jamás olvidare aquella tarde.

Llegaste como cualquier otro día, te sentaste pero en lugar de hablar, sin parar como siempre lo hacias, guardaste silencio y mirabas el agua fluir con mucha melancolía, y un poco demasiado triste. Lo cual me hizo sentir una opresión en mi pecho.

En lugar de acercarte a mi, yo me acerque a ti, apreté tu mano y te mire fijamente,  tus ojos ya no eran tan penetrantes, y tu rostro reflejaba cierta tristeza. Yo no soporte verte así. Senti que era mi turno de hacerte reir y olvidar tus problemas. No pensé en algo que pudiera hacerte reir. No pensé en lo que dije y solo lo dije.

-- ¿Cómo que deje madurar los frutos de los olivos? – me sentí estúpida al preguntarte. Pero pude lograr lo que quería, sonreíste. Me miraste y mientras te acomodabas en tu lugar susurraste – No se – luego te reíste, y provocaste que yo me riera.

Dure dos meses en preguntarte, al siguiente día, no nos sentamos a la sombra del olivo, si noq eu nos acostamos en el pasto que crecia en los alrededores de este, yo a la izquierda tu a la derecha, ambos mirándonos a los ojos.

No se de donde sacaste una flor, idéntica a la que admiraba el día que te vi por primera vez, pasaste la flor con delicadeza y suavidad, sobre mi piel, comenzando por el cuello, luego al pecho… terminando en mi brazo, y la depositaste suavemente en mi mano derecha. Estabas muy callado. Demasiado para como hablabas hace unos días. Ambos sonreímos por que nos dimos cuenta del silencio y nos sonrojamos.

Te mire de nuevo, esperaba que dijeses algo, para romper la tensión. Pero tal vez ahora me tocaba hablar a mi. – Hola – susurre – Me llamo Nancy—dije en el tono mas bajo que pude. Te provoque un suspiro.

-- Hola, Nancy – Acariciaste mi cabello, aun me estremezco cuando lo recuerdo – Soy Aaron – Sonreiste aun mas.

Que lindo era, de un momento a otro, tus manos tomaron las mias, con la flor aun ahí. Senti como mis mejillas adquirieron un color rojizo. Y sin darme cuenta sonreía como imbécil. Algo tenias que me encantaba.

-- ¿Ya dejaste madurar los frutos del Olivo? – preguntaste mientras te acercabas a mi.

-- Ya --  fue lo que alcance a decir antes que me besaras por primera vez…

Y aunque ya no volviera a verte. Luego de ese día, nunca mas me sentí sola, todos los olivos siempre me recordaran a ti, al igual que nuestra celebre frase hay que dejar madurar los frutos del olivo y nuestro lugar.

Perdon D:

hace mucho tengo olvidada mi pagina hermosa ii bella D:  pero es que he estado creando mas historias en otro blog compartido ii no he tenido chance de subir lo que escribo aqui, pero ya empezare a poner de nuevo mas entradas :D 
Siendo sincera, me sorprendio el numero de visitas que tiene mi pagina, nunca crei llegar a tantas:D 
Gracias por leerme espero no tenga que volver a descuidar mi blog tanto tiempo otra vez:)