martes, 26 de abril de 2011

Caramelo


Nancy siempre era fuerte ante las situaciones que se le presentaban, nunca dejaba caer una sola lágrima de su rostro, no eso no lo verían en ella. Ella era una gran abogada, a veces muy fría para ser mujer, siempre seria y un tono de sarcasmo en sus comentarios, la hacían, tal vez, una mujer muy dura. Sin embargo, había un chico que la hacia cambiar bastante. Lo había conocido desde que tenia apenas 15 años, y habían salido desde entonces, pero ella no se abría mucho a el, debido a experiencias que había tenido anteriormente con los chicos.
Ahora ambos tenían 26 años, todos unos adultos, ella ya litigaba y el seguía estudiando medicina, el nombre del chico, John… John era bastante serio y frió también, pero era mas su naturaleza que otra cosa, por que Nancy era mas emotiva por todo reía y era muy tierna con el, sin embargo tenia eso de ser muy dura con ella misma muchas veces, no le gustaba equivocarse y eso la hacia parecer una persona muy dura, pero como John la describía siempre era: un tierno caramelo dentro de una envoltura bastante dura. Nancy odiaba que le dijera así, caramelo. Se sentía demasiado débil ante cualquier cosa que John hiciera, sin embargo nunca se lo hizo saber.
John vivía con Nancy, desde que ambos acordaron vivir juntos hasta que el terminase la carrera, pero no habían acordado nada de casarse, solo Vivían juntos. Siendo novios, viviendo juntos, la gente en veces no lo veía bien, pero al fin, era su relación no la de la gente.
En la casa, Nancy cocinaba, por que John era un asco en la cocina, mientras ella cocinaba John estudiaba, o trabajaba en la barra. Nancy recogía, limpiaba, trabajaba, a ella le gustaba conservar el orden en su casa, John solo estudiaba y pagaba las facturas, compraba los alimentos, a veces llevaba a cenar a Nancy, claro la que trabajaba era ella, así que muchas veces ella pagaba. Nancy odiaba ser la que mandara en la relación, pero ¿Quién decía que ella mandaba? Nadie, solo ella lo creía así, a veces sus amigas le decían que era como la esclava de John, que el solo le decía haz esto haz aquello, y ella obediente como su fiel esclava lo obedecía. Eso ocasiono que Nancy se apartara de sus amistades. No le gustaba que le dijeran eso, y menos que se metieran con John.
John no aparo a ninguna amistad suya, en la mayoría enfermeras del hospital, otros doctores amigos suyos, otros residentes, en fin, John tenia muchos amigos por su trabajo. Nancy era celosa, demasiado, y no le agradaba la idea de que John tuviera que trabajar rodeado de enfermeras, no para nada le agrava pero por el, soportaba la situación.
A John parecía no importarle nada, todo le daba igual, al parecer de Nancy, menos su chamarra negra, una chamarra bastante linda, que traía puesta siempre, sin importar cuanto calor hiciera, para Nancy eso era lo que mas cuidaba, y a ella también le gustaba de alguna forma, le agradaba que cuidara lo suyo. Algunas veces las enfermeras le pedían su chamarra, y siempre ponía una u otra excusa para no prestarla, a Nancy eso le agradaba. Aunque ella no se la había pedido directamente el se la había ofrecido, pero ella la rechazaba, sabia el valor que tenia para el.
John siempre salía con sus amigos, los fines de semana y Nancy visitaba a sus padres, pero siempre puntuales a la misma hora llegaban a su casa, siempre puntuales a las 10 de la noche para cenar juntos. Mientras Nancy preparaba la cena, John le preparaba a ella una pequeña sorpresa, el sábado por la noche siempre sucedía algo especial. En ocasiones a Nancy ya no le sorprendía nada, y John lograba hacerla sonreír, su sonrisa, ese era el objetivo de John cada semana, verla sonreír.
Esa noche como de costumbre en sus noches de sábado, Nancy cocinaba y John la observaba desde la barra, no quería saber mucho de la escuela, le fastidiaba, ya solo quedaba un tiempo para terminar sus estudios, estaba pasando por exámenes, y le habían estresado demasiado, tenia el próximo fin de semana libre y no sabia como decirle a Nancy que quería pasarlo fuera de la ciudad alejado del bullicio de esta. Pero sabia que posiblemente ella se rehusaría,  al vez no, viendo que el estaba muy estresado.
- Nancy… - Dijo al fin John, decidiéndose.
Nancy preparaba un puré de patata y milanesas para cenar, y sin apartar la vista de la estufa le contesto – ¿Que ocurre?
- Pues, estos días he estado muy estresado, y… - John no sabia como articular las palabras.
- Quieres irte con tus amigos el próximo fin de semana fuera de la ciudad para des estresarte ¿cierto? - John se quedo perplejo, ¿Como es que Nancy siempre lo sabía?
- ¿Cómo lo sabes? –John no se quedaría con la duda. Tenia que saberlo.
- Tu amigo, Steve llamo para dejarte el recado. – Nancy volteo. -¿desde cuando me pides permiso para hacer viajes espontáneos? – Pregunto con un tono de inocencia.
- Pues, son dos días, me iría el viernes, y no tendríamos nuestro fin de semana juntos como acostumbramos. No me quiero ir, y dejarte sola. – Nancy volteo decididamente.
- ¿Me estas invitado? – John jamás la invitaba, solo le avisaba que saldría. Esto era nuevo.
- No, no lo tomes así, sabes vamos solo hombres. – Nancy suspiro, sabría que diría algo así.
- Yo no necesito darte permiso para que te vayas, es tu vida, no la mía.- Contesto, parecía enojada, sin embargo dentro de ella había cierta decepción, ¿Por qué la persona con la que compartía techo no la invitaba a ser parte de su vida? Nancy no dejo ver a John las lagrimas que caían nunca lo dejaría ver ninguna, no de ella.
- Pero, no lo tomes así. Sabes que te quiero. – Se acerco a ella, y la abrazo por detrás. Nancy seguía cocinando fríamente, aunque adoraba que hiciera eso.
- Tengo que terminar de hacer la cena. Mañana tengo mucho trabajo que hacer. Necesito dormir temprano. – Entonces John aparto a Nancy de la estufa, y la cargo en brazos. – ¡He! ¿Qué rayos haces? Bájame tengo que terminar de cocinar ¡la comida se va a quemar! – Nancy pataleaba como niña pequeña a la que llevaban a la cama a la fuerza.
- Cariño. ¡Hoy harás de todo menos dormir temprano! – Contesto John mientras bruscamente la llevaba a la habitación.
- ¡No, John! ¡Yo no quiero! – Gritaba Nancy. Seguía pataleando, pero simplemente la fuerza de John era mayor. La arrojo en la cama y comenzaron a jugar, John tendría muchas ganas de hacerle cosas, pero no las haría si ella no quisiera, le hacia cosquillas y Nancy reía como loca, en la habitación se escuchaban voces riendo mientras Nancy gritaba - ¡Ya John para! ¡Me duele el estomago! –incluso podría parecer que estaban haciendo el amor, pero no, solo era John haciendo enojar a Nancy como de costumbre.
Luego de algunos minutos de lucha, que para Nancy parecieron horas, exclamo asustada- ¡La cena! – John y Nancy corrieron a la cocina, el puré de patata apenas listo para comerse, la milanesa parecía carbón. Nancy miro a John, un poco enojada. – ¡Haz quemado la cena! –
- ¿yo? – Dijo John. – Tu la niña pequeña que no quería ceder, si te hubieras dejado cosquillear desde el principio… -
- ¡Nada! – interrumpió Nancy, en realidad si era culpa de John, pero antes muerto que aceptarlo. - ¿Ahora que vamos a cenar? – Pregunto casi ordenándole que le comprara comida hecha.
- Vamos a cenar. Hace tiempo no salimos.- Miro a Nancy, tenia que admitirlo, su mirada de enojada era tal vez la mas linda que tenia.
-Esta bien – suspiro – Vamos.
Paso la semana mas ajetreada que pudo tener Nancy, un par de casos de divorcio donde ninguna de las dos partes cedía los derechos, la custodia… tantas peleas, tantas discusiones… Nancy vivía a diario lo que era una separación, a veces pensaba en casarse y formar una familia con John, que seria lo más natural, es decir, salían hacia tiempo. Y solo Vivian juntos, era normal que a veces lo pensara, sin embargo apenas llegaba y sabia de otro divorcio, veía a las parejas peleando, diciendo “No te quiero volver a ver”, “te odio”, “aléjate de mi”, incluso ella pensaba ¿Qué estas personas alguna vez no se dijeron te amo? ¿Qué alguna vez no se amaron con pasión? Luego volvía a casa, veía a John y se veía a si misma casada, con hijos, unida para siempre al hombre que amaba, pero Y ¿si el amor no le bastaba? ¿Y si el se cansaba y simplemente se alejaba? Durante todos los años que llevaban saliendo, eso era lo que mas miedo le daba. Que John se alejara de ella, que encontrara a alguien con quien se llevara mejor, o simplemente de la nada se fuera. Era un temor que la comía día a día. Pero no le decía nada, nunca le dijo nada.
Ya solo quedaba un día para que John se alejara del estrés, y había comprado un auto con e dinero que sus padres le habían dado, era el que utilizaba para ir y venir de la escuela, aunque John era bastante precavido al manejar, Nancy sabia que la influencia de sus amigos, fiestas, alcohol… Nancy se quedo pensativa un momento. Dejo a un lado los cubiertos, y miro fijamente a John.
- Manejaras con cuidado ¿cierto? – Sabía que se acababa de ver muy paranoica, pero algo le decía que tenía que decírselo.
- Claro que si mi amor. – Nancy no se sintió conforme. - ¿Por qué?
- Pues, tu sabes amor, el alcohol, amigos, fiestas, puede parecer muy fácil, pero preferiría que no tomaras. Por tu bien. – John miro a Nancy le asintió mientras sonreía dulcemente.
- No te preocupes amor, te prometo no tomar y manejar. – John sabia que Nancy solo se preocupaba por el.
Nancy tranquila siguió comiendo, al día siguiente muy puntual, ayudo a John a alistarse para el viaje, le empaco su ropa, y le preparo comida para el viaje.
John había terminado y abrazo con fuerza a Nancy – Prometo volver – Le susurro en el oído. Y la beso suavemente mientras arrancaba el carro. Y se ponía en marcha hacia donde sus amigos habían quedado, fuera de la ciudad.
Nancy sintió como si le hubieran quitado una parte de su corazón, con una pequeña opresión se alisto para ir como de costumbre con sus padres a pasar el fin de semana. Estaba peinándose sus cabellos rizados y oscuros cuando el teléfono sonó en la habitación. Nancy levanto el auricular y distinguió la voz de su madre.
- Hija, ¿tenias planeado venir a visitarnos?- pregunto su madre sin siquiera saludar.
- Claro mama, todos los fines de semana ahí estoy ¿Por qué? – Pregunto Nancy quien sospechaba que le iban a cancelar.
- Hija, tu papa y yo vamos a salir el fin de semana a visitar a tu hermano. –Claro, Nancy siempre lo sabía, Nancy podía distinguir el desprecio de su familia, desde que tenia apenas 8 años, los problemas familiares jamás la sorprendían,  ella siempre sabía que lo pasaría.
- Esta bien madre. – Así le decía cuando estaba decepcionada. – No te preocupes, te dejo por que tengo cosas que hacer. – Y colgó, sin despedirse ni nada. Cuando la decepcionaban era bastante fría, incluso más que cuando tenía que serlo.
Entonces se miro en el espejo. – ¿Que mas puedo hacer? – Se tumbo en la cama, se quedo dormida un rato, tenia trabajo pero podía hacerlo mas tarde, por ahora solo quería descansar. Cerró sus ojos y durmió por algunas horas.
Al despertar, un poco adormecida, ya que no eran sus horas de sueño, se dirigió al baño, eran las 3 de la tarde cuando termino de darse un segundo baño. Reviso el refrigerador, era tiempo de comprar, casi siempre era John quien compraba, pero ahora quiso hacerlo ella. Se fue al supermercado, e hizo las compras. Era muy normal, que algunos chicos la miraran, pues ella se llevaba muy bien con sus vecinos, a algunos los encontró también haciendo las compras.
- ¡Hola! – era Kate, la vecina de al lado, Nancy siempre se había llevado bien con ella, pero no se había dado la oportunidad de platicar con ella.
- ¡Hola! – Contesto Nancy – ¿Como estas? –
-Bien gracias. ¿Qué haces aquí? –
- Pues aquí, comprando alimentos. – Dijo mientras acomodaba unas frituras que tenia e la mano.
- Oh, yo jamás te había visto comprar a ti, usualmente veo a…
- John si, el no esta así que yo vine a comprar.
- Oh… Si necesitas ayuda en algo, puedo ayudarte, bueno te dejo por que tengo que terminar de comprar. – Kate se retiro, era una chica bastante seria, pero se llevaba muy bien con Nancy. Y a ella le agradaba. Y se preguntaba ¿Por qué no la invitas a pasar la tarde contigo? De todas maneras iba a estar sola, así que no había por que hacerlo. Entonces apresuro el paso, y termino de hacer las compras, y al momento de pagar, se fijo muy bien el cambo y dio un poco al empacador.
De regreso a su casa sintonizo la radio, para escuchar las noticias, e informarse un poco, claro quería quitarse esa sensación que le perseguía desde que John se fue en la mañana. Una sensación que le oprimía el corazón.
Nada, no quería marcarle, ¿para que? Solo pensaría que estaba preocupada por el y que la extrañaba, y al final tal vez John pensaría que fue una mala idea irse. No, llamarle por teléfono no solucionaría nada, ¿Por qué el no llamaba? Eso hubiera sido mejor, pero no simplemente el teléfono de Nancy no sonaba. Nancy guardo los alimentos que había comprado, y pensó de nueva cuanta llamarle.
- Una llamada no le hará nada. –Pensó Nancy. –Pero tampoco quiero que crea que me preocupo demasiado por el. – Luego de algunos momentos de indecisión, cogió el teléfono y llamo al móvil de John.
- ¿Bueno? – Contesto John al otro lado de la línea.
- ¡John! – Nancy jamás había contestado tan emocionada. -¿Cómo estas? ¿Todo bien? – dijo Nancy.
- Si mi amor, llegue bien y todo, ya estoy aquí en el hotel, vamos a ir a bailar un rato y de ahí a descansar. ¿Todo bien por allá? – Nancy se sintió mas tranquila.
- Si, iba a ir con mis padres pero no están, así que aquí me quedare el fin de semana. –
- ¿sola? – Pregunto John.
- Si, claro, ¿con quien más? – Contesto Nancy
- No lo se, tal vez tienes escondido a un amante y quieren pasar la noche juntos. – Dijo en tono burlón.
- Mi amor, eres el único hombre de mi vida, además de mi papa y mis dos hermanos. – Nancy disfrutaba hablar con el, eso la hacia saber que estaba bien.
- Y tú la única mujer. Además de mi madre y mi hermana. – Nancy sonrió.
- Bueno mi amor, no te quito mas tu tiempo diviértete, solo quería saber que estabas bien. –
- Te marcare en la noche para que me mandes el beso de las buenas noches. – Nancy rio al otro lado de la línea, al escuchar entre los amigos de John Mandilón – No les hagas caso mi amor, sabes que sin ese beso no podría dormir. –
- Esta bien mi amor, esperare tu llamada. Hasta luego, cuídate mucho ¿vale? –
- Hasta luego, si mi amor lo que tu digas.
Nancy colgó, se sentía mas tranquila ahora, sabiendo que le llamaría en la noche, eran apenas las 6 de la tarde, poco faltaba para ello.
Nancy se puso a trabajar en el caso más cercano, y dejo que el tiempo avanzara a su paso.  Pronto cuando retiro la mirada de los elegantes papeles de su buffet y observo el reloj, se dio cuenta que eran mas de las 12 de la noche.
Se acerco al teléfono y busco alguna llamada perdida, pero no había ninguna, luego a su móvil, tampoco… Nancy suspiro y dijo para si – Otra mentira mas de John – No era la primera vez que la ilusionaba así, desde que empezaron a salir era lo mismo. Pero jamás le decía nada, Nancy pasaba por alto todos sus defectos. Entonces decidió cenar algo rápido e irse a dormir. Tomo un yogurt y lo bebió, se acostó, e intento dormir, sin embargo sus pensamientos no se lo permitían, preocupada por que le hubiera ocurrido algo a John,  no podía descansar, a lo mejor  solo era su imaginación. Nancy cerro los ojos y logro conciliar el sueño.
A la mañana siguiente, Nancy se sentía inquieta, volvió a revisar su móvil y su teléfono, pero no había ninguna llamada perdida. Ni un mensaje en el buzón de voz… Nada. Podría ella llamarlo, pero ya lo había hecho y ocasiono que le llamaran de esa vulgar forma, tal vez era eso por que no le había llamado. Se sintió mas tranquila al pensar que era eso. Solo vergüenza de que lo llamaran así de nuevo. –Si eso era –dijo para si.
Se dio un baño y se acostó para ver la televisión. Mientras cambiaba los canales escucho el teléfono sonar, Nancy jamás se había levantado tan rápidamente de la cama, dio un salto y cogió el auricular.
- ¿John? – Pregunto nada mas toco el auricular su oído.
- ¿Señorita Nancy? – Una voz fuerte y gruesa al otro lado de la línea.
- Si, ¿quien habla? – sus ojos se abrieron desmesuradamente.
- Hablo de  la morgue… Necesitamos que venga. – Nancy sintió como su vida se escapaba de su cuerpo.
- de… ¿la morgue? ¿Para que? – No quería escucharlo, pero era necesario.
- Usted vive con el señor John Adams ¿cierto? –
- Si.
- Necesitamos que venga a reconocer el cuerpo. Al parecer su novio tuvo un accidente, pero necesitamos que reconozca el cuerpo. – hizo una pausa, Nancy tenia el rostro empapado de lagrimas, no era de esperarse menos. Era su novio del que se hablaba. – Se que es difícil, pero el cadáver no esta en condiciones de ser identificado, tal vez usted que vive con el pueda reconocerlo con facilidad.
- Si, en seguida… en seguida voy. – Nancy colgó. Se limpio las lagrimas, - Puede no ser el. Yo se que puede no ser el. El me prometió regresar. – Dijo una y otra vez para si misma.
Salió, erro con llave, ahora veía su casa como un frio edificio… vacio y carente de valor para ella. Condujo hasta la morgue y paso a la habitación donde tenían a “John” aun esperanzada a que no fuera el, insegura a que el oficial retirara la manta de su rostro…
Entonces asintió al oficial en señal que la retirara, una imagen horrible, era un rostro deshecho totalmente irreconocible. Pero Nancy sabía como lo distinguiría. Pidió retirar un poco más la manta. Entonces sintió como sus piernas dejaron de responder, y como lanzo un alarido de dolor. Llevaba puesta una chamarra idéntica a la John, tenia que ser el. Aunque no muy segura, hizo una última prueba. Con el rostro enrojecido y empapado de lágrimas, se acerco al cadáver e inhalo profundamente. Quería sentir el aroma de la chamarra, sabia perfectamente cual era la colonia que utilizaba John. Entonces fue máximo su dolor y pena al darse cuenta que era la misma que el usaba. No cabía la menor duda, el cadáver que tenia en frente, era John.
Nancy lloro amargamente mientras el oficial comprendía que era correcto, que el cadáver era John Adams. Nancy se retiro a su casa, con intención de llamar a los padres de John, sin embargo pronto se recostó en la cama abrazada de una foto que tenia de el, la única donde salían juntos, se la habían tomado durante su aniversario, el 7 de abril del año en curso, ese día John la había llevado al cine, aunque fuese solo a ver una película, pero lo importante era estar juntos. En esa foto salían ambos dándose un tierno beso. Y cada vez que Nancy lo miraba lloraba con más fuerza.
- ¿Por qué? – Gritaba… - ¡Tu prometiste que volverías! – Nancy arrojo la foto con fuerza rompiendo el cristal del porta retrato. Nancy entonces luego de llorar por algunas horas termino quedándose dormida.
Despertó unas horas después esperando que todo hubiera sido un amargo sueño, una pesadilla, sin embargo al ver roto el cristal del porta retrato, aterrizo en la dura realidad. Camino hacia la cocina y se sentó a tomar un poco de agua, entonces dejo caer su cabeza sobre la barra. Se escucho en la casa vacía el resonar del golpe. Nancy se levanto dispuesta a llamar a los padres de John. Cuando alguien llamo a la puerta.
- Probablemente es Kate, habrá pensando que me caí o algo, o no lo se. Veamos que quiere. –Nancy no tenía ánimos de ver a Kate, pero no podía dejarla tocando. Abrió la puerta y se asombro al ver a John parado frente a ella. Sonriéndole como de costumbre lo hacia, pero con una playera blanca en lugar de su chamarra negra.
- ¿he llegado tarde a cenar? – Pregunto John.
Nancy se desmayo de la impresión. Y John la tomo en brazos y la llevo a la cama, se puso a preparar la cena esperando a que Nancy recobrara los sentidos. Le llevo la cena a la cama, con cuidado, se había esforzado mucho en hacerle la cena, ya que nunca cocinaba, le había hecho lo único que había aprendido a hacer, puré de patata y milanesa que Nancy ya había preparado. Solo la puso en la sartén a calentar. El olor de patatas quemadas hizo que Nancy comenzara a recobrar los sentidos.
Abrió con suavidad los ojos, y lo primero que vio fue a John con la cena en una charola acercándosela a Nancy quien estaba acostada en la cama.
- Por fin despiertas. – Dijo John. Nancy no podía hablar. Seguía sorprendida, ella sabia lo que había visto. Y también lo que veía. - ¿Qué ocurre mi amor? ¿Por qué tan callada? – Pregunto John
- Tú estas muerto. – Dijo Nancy fríamente. – Esta mañana fui a reconocer el cadáver eras tu… - Nancy comenzó a llorar, era la primera vez que John la veía llorar.
- Mi amor, no estoy muerto ¿no me ves? ¿Qué estoy frente a ti? – Contesto John quien al verla llorar dejo la cena en el buro, y la abrazo con fuerza, llorando el también. – Aquí estoy mi amor. Ese no era yo, era un tipo al que le preste mi chamarra, por eso llevaba mi billetera, yo me quede en el hotel, esperando tu llamada. Aquí estoy amor. – Siguieron llorando juntos.
- ¿Por que se la prestaste? Tú jamás prestas tu chamarra. – Nancy lo sabia, quería respuestas quería saber que había ocurrido.
- Por la misma razón por la que me quede en el hotel, hicimos una apuesta, si prefería quedarme, le daba mi chamarra, obviamente mi amor, fue mas importante quedarme y escuchar tu dulce voz, a mi chamarra. Pero jamás llamaste… me preocupaste. – Nancy lo abrazo con más fuerza.
- Mi amor. Jamás te vuelvas a ir, por favor, no quiero verte perdido otra vez. Estas horas, fueron una eternidad para mí. Creí, que jamás te volvería a ver. – Las lágrimas le impidieron continuar.
- No mi amor, tú me tendrás que soportar mucho tiempo más… Me tendrás que soportar toda una vida, por que lo poco o mucho que me quede, quiero pasarlo contigo mi amor. – Y saco de su bolsillo el anillo que tenía planeado darle después de que llegara de su viaje.
Nancy lo tomo, y sin decir palabra alguna acepto. Lo abrazo con fuerza, y le beso con mucho amor. Luego de algunos momentos ambos comieron del intento de cena de John, pero eso a Nancy no le importaba. Para John, Nancy era su caramelo, dura por fuera y dulce por dentro, un caramelo que era solo suyo, y de nadie mas. Y para Nancy, John simplemente era su vida entera, no cabía duda, Nancy amaba a ese individuo.

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